A la misma hora en el mismo lugar, ella iba cada tarde para verla pasar, el abrazado con esa mujer, y ella enamorada de ese hombre, a la misma hora en el mismo lugar, en la misma mesa y en el mismo bar, dejaba el corazón llorando por amor, por ese amor que le quitaba el sueño, la vida y la paz, y luego por la noche ella volvía a casa, un beso, una caricia de quien lo esperaba, siempre el mismo reproche, su mirada ausente, siempre la imagen de el, dueño de su mente, y luego otra vez, despierto en la cama, tratando de olvidarlo, abrazado a su almohada, de nuevo esa pregunta: "¿Dime que te pasa?" Y el que le responde: "Nada, hasta mañana "A la misma hora en el mismo lugar, ella volvió esa tarde para verlo pasar, el como siempre con esa mujer, y ella que se moría por ese hombre. Al final le escribió una carta de amor, con lo que hubiera querido decirle y no se atrevia. Y esa noche en silencio se fue de la cama, guardó en una valija lo que le quedaba, le puso a su marido la carta en la almohada, a ese amor infiel, a el que tanto amaba, y se fue despacio para no volver, se marchó en la noche del domingo aquel, pero cada tanto lo veían pasar, a la misma hora y en el mismo lugar.
sábado, 5 de septiembre de 2009
A la misma hora en el mismo lugar, ella iba cada tarde para verla pasar, el abrazado con esa mujer, y ella enamorada de ese hombre, a la misma hora en el mismo lugar, en la misma mesa y en el mismo bar, dejaba el corazón llorando por amor, por ese amor que le quitaba el sueño, la vida y la paz, y luego por la noche ella volvía a casa, un beso, una caricia de quien lo esperaba, siempre el mismo reproche, su mirada ausente, siempre la imagen de el, dueño de su mente, y luego otra vez, despierto en la cama, tratando de olvidarlo, abrazado a su almohada, de nuevo esa pregunta: "¿Dime que te pasa?" Y el que le responde: "Nada, hasta mañana "A la misma hora en el mismo lugar, ella volvió esa tarde para verlo pasar, el como siempre con esa mujer, y ella que se moría por ese hombre. Al final le escribió una carta de amor, con lo que hubiera querido decirle y no se atrevia. Y esa noche en silencio se fue de la cama, guardó en una valija lo que le quedaba, le puso a su marido la carta en la almohada, a ese amor infiel, a el que tanto amaba, y se fue despacio para no volver, se marchó en la noche del domingo aquel, pero cada tanto lo veían pasar, a la misma hora y en el mismo lugar.